Moisés Valadez Luna
Yo amo al fútbol, reza una de las frases publicitarias que distinguen a televisión Azteca.
El amor y la pasión, dos sentimientos tan parecidos pero tan distantes, tal vez la siguiente anécdota pueda orientar a un servidor y a usted amable lector en torno a la diferencia entre amor y pasión.
En alguna ocasión un turista español, decidió ir a ver un juego de fútbol al estadio Azteca, se enfrentaban las “Chivas rayadas” (el recaño sagrado) del Guadalajara, contra los “Cremas” (hoy las nacaguilas) del América.
Compró su boleto, se encaminó a la entrada correspondiente y ante su sorpresa vio el magnífico espectáculo que representa un estadio enorme, con un lleno impresionante.
El extranjero prefería ver el fútbol de las alturas, por lo que había comprado una entrada en el espacio general preferente, que se sitúa en la parte central en el último nivel del “Coloso de Santa Úrsula” (sobrenombre que se le dio al Estadio Azteca, por estar construido en la colonia Santa Úrsula).
Nuestro visitante fue a parar en medio de una de las porras de los equipos que participaban, por ahí del minuto 15 un gol de las “Chivas” hizo que el extranjero se levantara y aplaudiera la excelente jugada y el gol, todo bien.
A los pocos minutos en otra buena jugada los “Cremas” empatan con un soberbio gol, el turista se para y aplaude con la misma intensidad que el primero.
Tres personas que se encontraban a su derredor, se levantaron para reclamarle el por qué le aplaudía a los dos equipos, le increpaban si era villamelón (término que se da en el fútbol y otros deportes a las personas que deciden cambiar de equipo).
Sin inmutarse ante los airados reclamos, el personaje, les explicó que él no tenía preferencia por ninguno de los equipos que jugaban en ese momento, que él era aficionado al fútbol y que amaba ese juego.
Además aclaró que en el primer gol la jugada había sido maravillosa y por eso se había levantado a aplaudir, mientras que en el segundo la forma de meter el gol fue espectacular y que le gustó mucho por lo que también se levantó a aplaudir.
En este sentido encontramos una persona que ama al fútbol.
Todo esto viene a colación por el esfuerzo que en estos momentos se hace por parte del gobierno estatal y de los dueños de equipos profesionales de fútbol y beisbol, para que encuentren en Quintana Roo una afición que les brinde su apoyo.
Creo que para los apasionados, muy respetables, por cierto, es muy difícil cambiar de equipo, sin que sientan que cambian o que traicionan sus creencias.
Por mi parte, he asistido con frecuencia al beisbol y en lo particular quiero decir que de pequeño le iba a los “Diablos Rojos” de México, pero en Quintana Roo, siempre le he ido a los “Langosteros” y hoy también, aunque fuera un anti “Tigres” recalcitrante en mi infancia, hoy le voy a los “Tigres” de Quintana Roo.
Me da tristeza, pero no los juzgo (los respeto) a los aficionados que se dicen quintanarroenses y que van al beisbol a apoyar a los equipos de su estado o de sus querencias tradicionales.
En estos aspectos tan sencillos se demuestra la voluntad y el compromiso con el estado, con la nueva querencia.
Ahora vamos a ver quiénes están comprometidos con los esfuerzos para lograr identidad en Quintana Roo, ahora tendré que hacer a un lado la querencia por los colores azules y blancos, o amarillos, para estar con los Azulgrana del Atlante, es lo menos que puedo hacer por apoyar los esfuerzos del deporte en el estado que escogí para vivir y que me ha acogido con generosidad.
Arriba el Atlante de Quintana Roo.
En www.elpasquin.com.mx puede encontrar un blog de este Iconoclasta para que opine o me miente el 10 de mayo, se acepta de todo.
Yo amo al fútbol, reza una de las frases publicitarias que distinguen a televisión Azteca.
El amor y la pasión, dos sentimientos tan parecidos pero tan distantes, tal vez la siguiente anécdota pueda orientar a un servidor y a usted amable lector en torno a la diferencia entre amor y pasión.
En alguna ocasión un turista español, decidió ir a ver un juego de fútbol al estadio Azteca, se enfrentaban las “Chivas rayadas” (el recaño sagrado) del Guadalajara, contra los “Cremas” (hoy las nacaguilas) del América.
Compró su boleto, se encaminó a la entrada correspondiente y ante su sorpresa vio el magnífico espectáculo que representa un estadio enorme, con un lleno impresionante.
El extranjero prefería ver el fútbol de las alturas, por lo que había comprado una entrada en el espacio general preferente, que se sitúa en la parte central en el último nivel del “Coloso de Santa Úrsula” (sobrenombre que se le dio al Estadio Azteca, por estar construido en la colonia Santa Úrsula).
Nuestro visitante fue a parar en medio de una de las porras de los equipos que participaban, por ahí del minuto 15 un gol de las “Chivas” hizo que el extranjero se levantara y aplaudiera la excelente jugada y el gol, todo bien.
A los pocos minutos en otra buena jugada los “Cremas” empatan con un soberbio gol, el turista se para y aplaude con la misma intensidad que el primero.
Tres personas que se encontraban a su derredor, se levantaron para reclamarle el por qué le aplaudía a los dos equipos, le increpaban si era villamelón (término que se da en el fútbol y otros deportes a las personas que deciden cambiar de equipo).
Sin inmutarse ante los airados reclamos, el personaje, les explicó que él no tenía preferencia por ninguno de los equipos que jugaban en ese momento, que él era aficionado al fútbol y que amaba ese juego.
Además aclaró que en el primer gol la jugada había sido maravillosa y por eso se había levantado a aplaudir, mientras que en el segundo la forma de meter el gol fue espectacular y que le gustó mucho por lo que también se levantó a aplaudir.
En este sentido encontramos una persona que ama al fútbol.
Todo esto viene a colación por el esfuerzo que en estos momentos se hace por parte del gobierno estatal y de los dueños de equipos profesionales de fútbol y beisbol, para que encuentren en Quintana Roo una afición que les brinde su apoyo.
Creo que para los apasionados, muy respetables, por cierto, es muy difícil cambiar de equipo, sin que sientan que cambian o que traicionan sus creencias.
Por mi parte, he asistido con frecuencia al beisbol y en lo particular quiero decir que de pequeño le iba a los “Diablos Rojos” de México, pero en Quintana Roo, siempre le he ido a los “Langosteros” y hoy también, aunque fuera un anti “Tigres” recalcitrante en mi infancia, hoy le voy a los “Tigres” de Quintana Roo.
Me da tristeza, pero no los juzgo (los respeto) a los aficionados que se dicen quintanarroenses y que van al beisbol a apoyar a los equipos de su estado o de sus querencias tradicionales.
En estos aspectos tan sencillos se demuestra la voluntad y el compromiso con el estado, con la nueva querencia.
Ahora vamos a ver quiénes están comprometidos con los esfuerzos para lograr identidad en Quintana Roo, ahora tendré que hacer a un lado la querencia por los colores azules y blancos, o amarillos, para estar con los Azulgrana del Atlante, es lo menos que puedo hacer por apoyar los esfuerzos del deporte en el estado que escogí para vivir y que me ha acogido con generosidad.
Arriba el Atlante de Quintana Roo.
En www.elpasquin.com.mx puede encontrar un blog de este Iconoclasta para que opine o me miente el 10 de mayo, se acepta de todo.

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