Desde luego que la cosmovisión de los habitantes de la península de Yucatán se manifiesta en la forma de emitir su voto; la alta valoración que tienen de este derecho y responsabilidad no se presta a dudas.
El hecho de que Ivonne Ortega Pacheco haya logrado casi el 50% de los votos en la entidad, en un sistema electoral en el que no existe una segunda vuelta, es un signo importante de la legitimidad con la que va a gobernar.
Otro hecho relevante es que en el vecino estado se puede observar de manera clara las conveniencias o inconveniencias de un sistema bipartidista.
Lo anterior sirve de manera de introducción al sistema que hoy se intentará analizar, el de los Partidos Políticos.
Por cuestiones de espacio, creo que no habrá dificultad en esta etapa, el no mencionar el número y nombre de los partidos que existen en Quintana Roo.
Empezaré por entrar al funcionamiento que estos institutos tienen en su vida cotidiana; en múltiples ocasiones he caído en el error de mencionar que un partido se encuentra en crisis, cuando la lucha por espacios de poder es álgida, o como resultado de esta lucha existen desprendimientos; el utilizar la palabra crisis ha sido un gran error, esas representaciones de conflictos internos es una representación de la normalidad partidaria, que se manifiesta en todos los partidos con diferentes formas.
En el PRI se trata de conservar ocultas las desavenencias internas y sólo cuando hay un rompimiento se conocen las causas, lo que permite ver un partido cohesionado y sin guerras intestinas.
En el PAN el fenómeno es muy similar, más por el poco número de participantes y por contar con un estatuto que se aplica con todo rigor, hoy la lucha se hace evidente porque existe un nuevo grupo que reconocemos con el nombre del “Yunque” y que se enfrenta al grupo tradicional, por que existen dos concepciones de ver y aplicar los elementos de la política.
El PRD se ha caracterizado por ventilar sus diferencias en los medios de comunicación, un procedimiento válido, en la medida que los controles de la izquierda que se encuentra en ese partido, tiende al autoritarismo, por lo tanto los actores han encontrado, como forma de oponerse al control, el hacer del conocimiento de la sociedad sus inconformidades; si no existiera este “punto de fuga”, en términos de la física, el choque con los moldes perredistas ya hubiera estallado.
La única forma que un partido entre en crisis es cuando no encuentra o pierde el respaldo social, no es problema de los olotes; reza el refrán popular “que entre menos burros más olotes”, pueden ser pocos los burros y pocos los olotes, lo que no puede perderse son los que aportan los olotes, es decir los ciudadanos, esos si deben ser una cantidad importante.
Los que si están en crisis permanente son los partidos con poca representación social, luego se ofenden si les dice uno que son partidos chicos, pero no es por ser despectivos, sino por economía en la redacción; ellos recurren a un elemento que les pueda garantizar su existencia, y esa es la alianza.
En el estado pronto veremos a Convergencia intentar dar un paso más en su consolidación como una opción real en el espectro de los partidos grandes.
En otro orden de ideas, sin temor a equivocarme, en el nivel estatal, puedo afirmar que todos los elemento que conforman la cúspide de la pirámide de cada partido, y de todos los partidos, manifiestan más un interés personal o tribal, que el de aumentar las condiciones de vida de los ciudadanos.
¿Por qué los partidos políticos no ofrecen un proyecto de gobierno? ¿incapacidad? ¿temor al incumplimiento? ¿compromisos con otros grupos con intereses distintos a los de la población en general? De todo un poco; seguro que todos gritarán ¡Mentira! ¡Sacrilegio! ¡Nosotros somos diferentes! Este Iconoclasta espera, pacientemente, que lo demuestren, para tragarme el papel y la tinta de esta columna.
La oferta político-administrativa para la población no existe en la conciencia de los dirigentes partidarios.
La carencia de un proyecto de gobierno es prueba suficiente para demostrar la afirmación; el que las calificaciones y descalificaciones, la preferencia por el marketing mediático y los debates a la manera de fotógrafo de desnudos, sean los únicos indicadores que pueden guiar al electorado, nos hace una de las sociedades más retrasadas en materia de democracia.
Desde luego que “la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre”, temprano que tarde, los compadres tendrán que ofertar proyectos.
Con gran atingencia ayer escuche de Augusto Bojorquez Maza, una perla del análisis político, el continuismo del clan Cervera Pacheco, cumplirá 23 años en el poder, 11 del tío y dos de los sobrinos, lo que demuestra que a los habitantes de ese estado les agrada la forma en que funciona su gobierno, lo que es completamente válido y legal, punto.
Nos vemos mañana, con las evocaciones y escenarios de los partidos en Quintana Roo.
El hecho de que Ivonne Ortega Pacheco haya logrado casi el 50% de los votos en la entidad, en un sistema electoral en el que no existe una segunda vuelta, es un signo importante de la legitimidad con la que va a gobernar.
Otro hecho relevante es que en el vecino estado se puede observar de manera clara las conveniencias o inconveniencias de un sistema bipartidista.
Lo anterior sirve de manera de introducción al sistema que hoy se intentará analizar, el de los Partidos Políticos.
Por cuestiones de espacio, creo que no habrá dificultad en esta etapa, el no mencionar el número y nombre de los partidos que existen en Quintana Roo.
Empezaré por entrar al funcionamiento que estos institutos tienen en su vida cotidiana; en múltiples ocasiones he caído en el error de mencionar que un partido se encuentra en crisis, cuando la lucha por espacios de poder es álgida, o como resultado de esta lucha existen desprendimientos; el utilizar la palabra crisis ha sido un gran error, esas representaciones de conflictos internos es una representación de la normalidad partidaria, que se manifiesta en todos los partidos con diferentes formas.
En el PRI se trata de conservar ocultas las desavenencias internas y sólo cuando hay un rompimiento se conocen las causas, lo que permite ver un partido cohesionado y sin guerras intestinas.
En el PAN el fenómeno es muy similar, más por el poco número de participantes y por contar con un estatuto que se aplica con todo rigor, hoy la lucha se hace evidente porque existe un nuevo grupo que reconocemos con el nombre del “Yunque” y que se enfrenta al grupo tradicional, por que existen dos concepciones de ver y aplicar los elementos de la política.
El PRD se ha caracterizado por ventilar sus diferencias en los medios de comunicación, un procedimiento válido, en la medida que los controles de la izquierda que se encuentra en ese partido, tiende al autoritarismo, por lo tanto los actores han encontrado, como forma de oponerse al control, el hacer del conocimiento de la sociedad sus inconformidades; si no existiera este “punto de fuga”, en términos de la física, el choque con los moldes perredistas ya hubiera estallado.
La única forma que un partido entre en crisis es cuando no encuentra o pierde el respaldo social, no es problema de los olotes; reza el refrán popular “que entre menos burros más olotes”, pueden ser pocos los burros y pocos los olotes, lo que no puede perderse son los que aportan los olotes, es decir los ciudadanos, esos si deben ser una cantidad importante.
Los que si están en crisis permanente son los partidos con poca representación social, luego se ofenden si les dice uno que son partidos chicos, pero no es por ser despectivos, sino por economía en la redacción; ellos recurren a un elemento que les pueda garantizar su existencia, y esa es la alianza.
En el estado pronto veremos a Convergencia intentar dar un paso más en su consolidación como una opción real en el espectro de los partidos grandes.
En otro orden de ideas, sin temor a equivocarme, en el nivel estatal, puedo afirmar que todos los elemento que conforman la cúspide de la pirámide de cada partido, y de todos los partidos, manifiestan más un interés personal o tribal, que el de aumentar las condiciones de vida de los ciudadanos.
¿Por qué los partidos políticos no ofrecen un proyecto de gobierno? ¿incapacidad? ¿temor al incumplimiento? ¿compromisos con otros grupos con intereses distintos a los de la población en general? De todo un poco; seguro que todos gritarán ¡Mentira! ¡Sacrilegio! ¡Nosotros somos diferentes! Este Iconoclasta espera, pacientemente, que lo demuestren, para tragarme el papel y la tinta de esta columna.
La oferta político-administrativa para la población no existe en la conciencia de los dirigentes partidarios.
La carencia de un proyecto de gobierno es prueba suficiente para demostrar la afirmación; el que las calificaciones y descalificaciones, la preferencia por el marketing mediático y los debates a la manera de fotógrafo de desnudos, sean los únicos indicadores que pueden guiar al electorado, nos hace una de las sociedades más retrasadas en materia de democracia.
Desde luego que “la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre”, temprano que tarde, los compadres tendrán que ofertar proyectos.
Con gran atingencia ayer escuche de Augusto Bojorquez Maza, una perla del análisis político, el continuismo del clan Cervera Pacheco, cumplirá 23 años en el poder, 11 del tío y dos de los sobrinos, lo que demuestra que a los habitantes de ese estado les agrada la forma en que funciona su gobierno, lo que es completamente válido y legal, punto.
Nos vemos mañana, con las evocaciones y escenarios de los partidos en Quintana Roo.

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