El historiador no debe temer a las mezquindades pues fue de mezquindad en mezquindad, de pequeñez en pequeñez, que finalmente se formaron las grandes cosas.
Michel Foucault.
Al igual que el historiador, el político, debe reconocer la mezquindad, como la cara opuesta a la generosidad; las dos caras de una misma moneda, que en cada ser humano, de manera individual actúan y que la suma de mezquindades obligan al cambio social.
La mezquindad, como la generosidad, tienen como resultado el cambio, para bien o para mal, acertado o erróneo, qué se yo; por ejemplo: así fue que la suma de ellas pudieron desencadenar en sistemas fascistas (como el de la Alemania de Hitler) ¿le parece mezquino? o totalitarios como la Unión soviética ¿lo consideraría mezquino?, hoy el pensamiento posmoderno, cargado de individualismo puede o debe llevarnos a la democracia, aunque la lógica histórica, demuestran lo contrario.
En todos los partidos, en mayor, menor o igual medida, el clientelismo y el corporativismo, es usado para llegar al poder, esta práctica, pronto cumplirá su bicentenario, es un rasgo fundamental de la política premoderna, anacrónica, que utilizan los políticos para lograr sus ambiciones de poder.
Eliminarla, siempre dependerá de un ser individual, el político que tenga un proyecto de servir y no servirse.
¿Cómo evitar el clientelismo? Cualquier político puede dar su servicio, sin condicionar el apoyo a su persona, bien puede decir: “Necesitas tal o cual cosa, en mi está el poder proporcionártela, pero te pido un favor, no por esta acción que realizo, te pido que te esclavices a mi, te dejo en libertad de escoger a la persona que más te simpatice, o con la que comulgas, aunque en estos momentos esa persona no pueda ayudarte a resolver tu problema; eres libre, no eres mi cliente y no voy a cobrarte por mis servicios, ni a obligarte a que te afilies a mi organización”.
En esta base, tan sencilla, radica la eclosión de la democracia, la invención de un sistema democrático, es lo que los ciudadanos más conscientes, han expresado en los últimos tiempos; los que intentan mantener su individualidad y ser admitidos en una de las partes que conforman el todo del sistema político, que ya no permiten más la intromisión del estado en sus asuntos.
Al menos, en las pequeñas investigaciones y percepciones sobre el comportamiento electoral del ciudadano, este humilde Iconoclasta comparte la opinión; de que el depositar su confianza, por parte de un ciudadano, en la conducción política, cada vez tiene más que ver con la persona que con el partido.
Desde luego que esto no es lo mejor que pudiera pasarnos, por el contrario hacerlo de esa manera, podría derivar en sistemas políticos, como ya referimos autoritarios o totalitarios.
Por el momento la plutocracia, o el régimen plutocrático, en el que nos encontramos tiende a su desaparición; los partidos políticos hoy en día y sus candidatos hoy no representan a los intereses de los diversos sectores que conforman una sociedad; por eso el encono, entre los que tienen y medio tienen, contra los que padecen por conseguir algo y los que no lo pueden conseguir por más esfuerzos que realicen.
Desde esta perspectiva, es cómo un servidor llega a, pretender, explicarse, la postura de Andrés Manuel López Obrador; tienen razón muchos de sus críticos, la postura de AMLO es o puede ser, de carácter mezquino; pero ¿a caso la de los otros actores políticos es diferente? ¿a caso la de los individuos que conformamos la sociedad mexicana, también es diferente? Desde mi punto de vista en este momento, no es fácil encontrar personas generosas en el quehacer político.
En el discurso, abundan los pretextos y justificaciones a ese accionar, pero una vez que se cierre el círculo de la mezquindad, entraremos en la democracia, respetando la mezquindad de cada ciudadano.
Si nos preguntamos el por qué vota un ciudadano por tal o cual candidato, es sencillo responder, por que piensa que así le va ir mejor al votante, no es por que quiera el beneficio del vecino, ni del que conoce, mucho menos del que desconoce.
El debate sobre la generosidad de tal o cual persona o de equis proyecto, sólo se da en los círculos de la política más elevados ¿por qué no ganó AMLO las elecciones? Por que no convenía a los intereses de los poderosos, no se si sea la causa primordial, pero si es una de las más importantes, y así lo demuestran los hechos.
Por eso en nuestra política local, candidatos como Gregorio Sánchez tienen su propio proyecto, que encuentra eco en la mezquindad de los que piensan que les va ir mejor con él, lo mismo se puede aplicar a los demás candidatos, lo nombro por que es lo más evidente en estos momentos.
Para pasar a la modernidad política, deben dejar a un lado los miedos y los compromisos mezquinos, un candidato posmoderno, puede cumplir con su papel de fiel de la balanza, de mostrar los equilibrios que permitan compensar las inequidades del sistema; este es al menos uno de los requisitos que un político posmoderno puede esbozar, el costo, es elevado créame.
Hasta mañana.
Michel Foucault.
Al igual que el historiador, el político, debe reconocer la mezquindad, como la cara opuesta a la generosidad; las dos caras de una misma moneda, que en cada ser humano, de manera individual actúan y que la suma de mezquindades obligan al cambio social.
La mezquindad, como la generosidad, tienen como resultado el cambio, para bien o para mal, acertado o erróneo, qué se yo; por ejemplo: así fue que la suma de ellas pudieron desencadenar en sistemas fascistas (como el de la Alemania de Hitler) ¿le parece mezquino? o totalitarios como la Unión soviética ¿lo consideraría mezquino?, hoy el pensamiento posmoderno, cargado de individualismo puede o debe llevarnos a la democracia, aunque la lógica histórica, demuestran lo contrario.
En todos los partidos, en mayor, menor o igual medida, el clientelismo y el corporativismo, es usado para llegar al poder, esta práctica, pronto cumplirá su bicentenario, es un rasgo fundamental de la política premoderna, anacrónica, que utilizan los políticos para lograr sus ambiciones de poder.
Eliminarla, siempre dependerá de un ser individual, el político que tenga un proyecto de servir y no servirse.
¿Cómo evitar el clientelismo? Cualquier político puede dar su servicio, sin condicionar el apoyo a su persona, bien puede decir: “Necesitas tal o cual cosa, en mi está el poder proporcionártela, pero te pido un favor, no por esta acción que realizo, te pido que te esclavices a mi, te dejo en libertad de escoger a la persona que más te simpatice, o con la que comulgas, aunque en estos momentos esa persona no pueda ayudarte a resolver tu problema; eres libre, no eres mi cliente y no voy a cobrarte por mis servicios, ni a obligarte a que te afilies a mi organización”.
En esta base, tan sencilla, radica la eclosión de la democracia, la invención de un sistema democrático, es lo que los ciudadanos más conscientes, han expresado en los últimos tiempos; los que intentan mantener su individualidad y ser admitidos en una de las partes que conforman el todo del sistema político, que ya no permiten más la intromisión del estado en sus asuntos.
Al menos, en las pequeñas investigaciones y percepciones sobre el comportamiento electoral del ciudadano, este humilde Iconoclasta comparte la opinión; de que el depositar su confianza, por parte de un ciudadano, en la conducción política, cada vez tiene más que ver con la persona que con el partido.
Desde luego que esto no es lo mejor que pudiera pasarnos, por el contrario hacerlo de esa manera, podría derivar en sistemas políticos, como ya referimos autoritarios o totalitarios.
Por el momento la plutocracia, o el régimen plutocrático, en el que nos encontramos tiende a su desaparición; los partidos políticos hoy en día y sus candidatos hoy no representan a los intereses de los diversos sectores que conforman una sociedad; por eso el encono, entre los que tienen y medio tienen, contra los que padecen por conseguir algo y los que no lo pueden conseguir por más esfuerzos que realicen.
Desde esta perspectiva, es cómo un servidor llega a, pretender, explicarse, la postura de Andrés Manuel López Obrador; tienen razón muchos de sus críticos, la postura de AMLO es o puede ser, de carácter mezquino; pero ¿a caso la de los otros actores políticos es diferente? ¿a caso la de los individuos que conformamos la sociedad mexicana, también es diferente? Desde mi punto de vista en este momento, no es fácil encontrar personas generosas en el quehacer político.
En el discurso, abundan los pretextos y justificaciones a ese accionar, pero una vez que se cierre el círculo de la mezquindad, entraremos en la democracia, respetando la mezquindad de cada ciudadano.
Si nos preguntamos el por qué vota un ciudadano por tal o cual candidato, es sencillo responder, por que piensa que así le va ir mejor al votante, no es por que quiera el beneficio del vecino, ni del que conoce, mucho menos del que desconoce.
El debate sobre la generosidad de tal o cual persona o de equis proyecto, sólo se da en los círculos de la política más elevados ¿por qué no ganó AMLO las elecciones? Por que no convenía a los intereses de los poderosos, no se si sea la causa primordial, pero si es una de las más importantes, y así lo demuestran los hechos.
Por eso en nuestra política local, candidatos como Gregorio Sánchez tienen su propio proyecto, que encuentra eco en la mezquindad de los que piensan que les va ir mejor con él, lo mismo se puede aplicar a los demás candidatos, lo nombro por que es lo más evidente en estos momentos.
Para pasar a la modernidad política, deben dejar a un lado los miedos y los compromisos mezquinos, un candidato posmoderno, puede cumplir con su papel de fiel de la balanza, de mostrar los equilibrios que permitan compensar las inequidades del sistema; este es al menos uno de los requisitos que un político posmoderno puede esbozar, el costo, es elevado créame.
Hasta mañana.

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