Mientras los hombres que dirigen el estado mexicano, únicamente muestren su preocupación por las “catacumbas” (lugares en que viven los marginados del país) mediante la trasferencia de recursos económicos a través de programas asistencialistas, la posibilidad de que la violencia institucional (con las policías y el ejército) se traslade a esas “villas de la pobreza” es cada vez más latente.
Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Distrito Federal, Tijuana y Cancún, entre todas las demás ciudades y poblados, son las que muestran el prototipo del enfrentamiento de los dos tipos de “civilización” que se desarrollan en los países del mundo subdesarrollado.
Por una parte, los privilegiados del sistema, que en un maridaje con los teóricos del estado neoliberal y conservador, y un amasiato con los gobernantes ven en la “otra civilización” personas inútiles, parias sociales, que no sirven para enfrentar los desafíos del régimen económico.
Pobres, desadaptados, nacos, ladrones, potenciales delincuentes da baja estofa, son sólo algunos de un gran número de calificativos que le endilgan los ricos a la “otra civilización”, en donde los suicidios son merecidos castigos y las muertes justas, para quien no sabe “triunfar en este mundo”.
Esa “civilización” que se caracteriza por dedicarse a subsistir o elevar su calidad de vida, mediante actividades económicas calificadas de informales y delictivas, en donde la “industria” de la venta de drogas, productos “piratas”, contrabando, alcohol adulterado, el robo, secuestro de personas y bienes, son los elementos que definen a la economía y a las personas de la “otra civilización”.
Las actividades de los pobres, ya sean formales, informales (legales) conviven y se apelmazan con las delictivas, y poco a poco conforman “villas”, “cinturones” sociales que ponen en peligro la convivencia social del stablesment, sobre todo si los teóricos del estado y sus gobernantes deciden implementar una guerra de baja intensidad y no una política de desarrollo integral y un nuevo estado.
No será raro que en el corto plazo una palabra muy común en Brasil, sea parte del vocabulario de los mexicanos y del mundo en general: “Favela”, que se refiere a los barrios pobres de ese país y en donde los traficantes y narcotraficantes han sentado sus reales, para incidir en toda la economía de ese país, el mismo Lula Da Silva surgió de esas favelas brasileñas.
Lo peligroso, y hasta perverso, es permitir que las actividades económicas informales y delictivas emerjan y se aíslen, en gigantescos campos de acción, con el pretexto de mantener los privilegios económicos de una pequeña minoría, a costa de provocar la incertidumbre y el miedo de las clases medias, con el fin de provocar una guerra de baja intensidad, que permita mantener esos privilegios.
Por el momento el poder del estado ha logrado mantenerse “encima” del poder de las favelas, pero esto no implica que necesariamente esto permanezca así, todo depende del grado de unidad que logren los pobladores de “la otra civilización” y el sostenimiento de un porcentaje elevado de personas en el rango de clase media, de otra manera la guerra de baja intensidad pasaría de ser una probabilidad y traería consecuencias difíciles de imaginar, pero fáciles de calificar: Catastróficas.
Tal vez para esto se prepare el cuestionado presidente, de gusto por las fuerzas militares, que como soldadito del pomo, le gusta vestir y que sus hijos vistan la ropas militares, tal vez como el preludio de la preparación de un régimen que a punto está de comenzar sus hostilidades en una guerra de baja intensidad, en donde lo que se conoció en los finales de los años 60´s y la década delos 70´s, como guerra sucia, también tiene su lugar en el escenario de la ultraderecha de este país y su títere presidencial.
Por más que uno intente suavizar las expresiones hacia el TH bebedor vestido de verde olivo, el que cada vez aparezcan signos de compartir con los gringos, las metas violentas y el generar miles de Iraks chiquitos; del tamaño del papá de los niños uniformados y con insignias originales del ejército, de verdad que no se puede, sobre todo cuando algunos analistas señalan con mayor insistencia el camino que pretenden seguir los foxbiernos del cambio.
Pero ni lagos artificiales en grandes ranchos, ni casas de más de tres millones, pueden ser sueños convertidos en realidad que no tengan un costo personal, el Prozac y el tequila del gerente y del títere, del cocacolo y del pepsicolo, Fox y Calderón respectivamente, pagarán sus cortesanías a los poderosos del dinero y el desprecio de la favelas será la moneda que carguen es sus bolsillos estos representantes emanados del PAN, los del PRI y algunos beneficiarios del PRD y Covergencia.
Hasta Mañana.
Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Distrito Federal, Tijuana y Cancún, entre todas las demás ciudades y poblados, son las que muestran el prototipo del enfrentamiento de los dos tipos de “civilización” que se desarrollan en los países del mundo subdesarrollado.
Por una parte, los privilegiados del sistema, que en un maridaje con los teóricos del estado neoliberal y conservador, y un amasiato con los gobernantes ven en la “otra civilización” personas inútiles, parias sociales, que no sirven para enfrentar los desafíos del régimen económico.
Pobres, desadaptados, nacos, ladrones, potenciales delincuentes da baja estofa, son sólo algunos de un gran número de calificativos que le endilgan los ricos a la “otra civilización”, en donde los suicidios son merecidos castigos y las muertes justas, para quien no sabe “triunfar en este mundo”.
Esa “civilización” que se caracteriza por dedicarse a subsistir o elevar su calidad de vida, mediante actividades económicas calificadas de informales y delictivas, en donde la “industria” de la venta de drogas, productos “piratas”, contrabando, alcohol adulterado, el robo, secuestro de personas y bienes, son los elementos que definen a la economía y a las personas de la “otra civilización”.
Las actividades de los pobres, ya sean formales, informales (legales) conviven y se apelmazan con las delictivas, y poco a poco conforman “villas”, “cinturones” sociales que ponen en peligro la convivencia social del stablesment, sobre todo si los teóricos del estado y sus gobernantes deciden implementar una guerra de baja intensidad y no una política de desarrollo integral y un nuevo estado.
No será raro que en el corto plazo una palabra muy común en Brasil, sea parte del vocabulario de los mexicanos y del mundo en general: “Favela”, que se refiere a los barrios pobres de ese país y en donde los traficantes y narcotraficantes han sentado sus reales, para incidir en toda la economía de ese país, el mismo Lula Da Silva surgió de esas favelas brasileñas.
Lo peligroso, y hasta perverso, es permitir que las actividades económicas informales y delictivas emerjan y se aíslen, en gigantescos campos de acción, con el pretexto de mantener los privilegios económicos de una pequeña minoría, a costa de provocar la incertidumbre y el miedo de las clases medias, con el fin de provocar una guerra de baja intensidad, que permita mantener esos privilegios.
Por el momento el poder del estado ha logrado mantenerse “encima” del poder de las favelas, pero esto no implica que necesariamente esto permanezca así, todo depende del grado de unidad que logren los pobladores de “la otra civilización” y el sostenimiento de un porcentaje elevado de personas en el rango de clase media, de otra manera la guerra de baja intensidad pasaría de ser una probabilidad y traería consecuencias difíciles de imaginar, pero fáciles de calificar: Catastróficas.
Tal vez para esto se prepare el cuestionado presidente, de gusto por las fuerzas militares, que como soldadito del pomo, le gusta vestir y que sus hijos vistan la ropas militares, tal vez como el preludio de la preparación de un régimen que a punto está de comenzar sus hostilidades en una guerra de baja intensidad, en donde lo que se conoció en los finales de los años 60´s y la década delos 70´s, como guerra sucia, también tiene su lugar en el escenario de la ultraderecha de este país y su títere presidencial.
Por más que uno intente suavizar las expresiones hacia el TH bebedor vestido de verde olivo, el que cada vez aparezcan signos de compartir con los gringos, las metas violentas y el generar miles de Iraks chiquitos; del tamaño del papá de los niños uniformados y con insignias originales del ejército, de verdad que no se puede, sobre todo cuando algunos analistas señalan con mayor insistencia el camino que pretenden seguir los foxbiernos del cambio.
Pero ni lagos artificiales en grandes ranchos, ni casas de más de tres millones, pueden ser sueños convertidos en realidad que no tengan un costo personal, el Prozac y el tequila del gerente y del títere, del cocacolo y del pepsicolo, Fox y Calderón respectivamente, pagarán sus cortesanías a los poderosos del dinero y el desprecio de la favelas será la moneda que carguen es sus bolsillos estos representantes emanados del PAN, los del PRI y algunos beneficiarios del PRD y Covergencia.
Hasta Mañana.

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