domingo, 16 de septiembre de 2007

¡Viva México!

Como todos los días que preceden a una conmemoración de los mexicanos, en la mañana siguiente reina el silencio, que es cortado por el ruido de un automóvil con su chofer trasnochado.
La noche del 15 de septiembre, el último grito de la administración de Francisco Alor Quezada.
A las 10:20 en las pantallas colocadas en la Plaza de la Reforma, se veía el fútbol, con media hora de retraso, el Atlante, mostraba una vez más que esfuerzo y labor de equipo logran sacar los resultados positivos, una victoria de cuatro goles por tres contra el equipo de San Luís (Potosí).
Mientras el final del partido de fútbol daba paso a la celebración del inicio de la independencia, el 197 aniversario; los pobladores de Cancún se acomodaban, algunos con conocimientos, otros con intuición, para poder escuchar a los actores principales de esa celebración.
Jóvenes, niños de diversas edades, algunos llevados aún en brazos por sus papás, personas maduras y de la tercera edad, los que por civismo y tradición asisten a la conmemoración, los que por primera vez van, todos compartimos un solo sentimiento: el del México Independiente y libre.
Tres jóvenes universitarios, de Cancún, son mis vecinos de enfrente y de verdad que me pusieron de buen humor, dos hombres y una mujer ataviados de una manera muy peculiar, uno con boina negra, francesa y un vampiro como escudo, en la mano el lienzo tricolor; la señorita amarraba su pelo con un listón con los tres colores de la bandera mexicana.
Mientras uno preguntaba ¿quién iba a dar el grito ahí? ¿González Canto? ¿Alor? o ¿Calderón? la señorita les decía “no menso calderón es en la ciudad de México”, Aquí debe ser Canto o Alor, bueno el que sea tercio el otro vamos a ver, para esto mi humor estaba más que excelente, dispuesto a celebrar todo.
El maestro de ceremonias pasó la palabra al secretario del ayuntamiento, Rodolfo García Pliego, quien dio lectura al pensamiento de José María Morelos Y Pavón, al documento intitulado “Sentimientos a la Nación”, no pude evitar preguntar si muchos de los que estuvieron en los balcones del Palacio Municipal ¿en algún momento tuvieron siquiera en mente realizar lo que el siervo de la Nación plasmó?
Después el himno de Quintana Roo, que cantaron de corridito los tres vecinos jóvenes, sin equivocarse, ya que en esa ocasión no había pista para entonarlo o cantante que diera la nota, lo mejor es que lo cantaban con una gran alegría y que lo acompañaban con baile.
Las notas “Selva, mar historia y juventud…” fueron acompañadas de un saleroso movimiento de caderas y hombros por los jóvenes, una percepción diferente de concebir las ceremonias tradicionales.
No faltaron la “chelas” pasadas de contrabando, pero era uno entre mil casos, de los ahí presentes.
Honores a la bandera, los vivas a los héroes y heroínas que nos dieron patria, un cierto malestar por que no mencionaron a la leona de la Independencia, a la esposa de don Andrés Quintana Roo: Leona vicario.
El orgullo de Alor, que esperamos se represente en mejores condiciones a todos los que asistimos y no, al último grito de su gobierno.
Víctor Viveros en el balcón central, al igual que Carlos Cardín Pérez, Mario Machuca, una asomadita de Alejandro Ramos y de Heiden Cebada, la esposa del presidente municipal doña Rubí Peniche y desde luego todos los invitados que no veían nada, desde el interior del palacio pero que le metían a los antojitos y a las bebidas espirituosas.
Inicio de los juegos pirotécnicos y huida graciosa, si a correr por que mi madre respiraría el humo de más cigarros que lo que puede respirar de este fumador que teclea, a causa de los “fuegos” pirotécnicos.
En fin todos contentos y unidos, pero no revueltos, mientras que en la ciudad del D.F. el chaparrito, pelón y de lentes, como que andaba enojado, cosa que trató de disimular pero no le alcanzaron las dotes teatrales, en la trasmisión, le borraron el sonido ambiental, pues ni modos ya nos imaginamos el porqué.
Hasta mañana.

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