viernes, 25 de febrero de 2011

¡Esposas desesperadas!

Moisés Valadez Luna
El maridaje entre el PRI y el PAN, es el más antiguo de la política moderna mexicana, sus apellidos son Prianismo.
En tiempos recientes el PAN le ha sido infiel al PRI, todo por una silla, que deja millones a los militantes de los partidos políticos, en perjuicio de los mexicanos, desde luego.
La infiel lleva por nombre Partido de la Revolución Democrática, Nueva Izquierda es su apelativo artístico.
Hace tiempo se consideraba a las amantes de los casados, adúlteros; para las esposas eran prostitutas o putas.
Como las alianzas son efímeras, cual relación con sexoservidoras, la putería política está a todo lo que da.
La prostitución tenía puntos focalizados de actividad, la calle de Libertad, en el distrito Federal, el kilometro 21 en Cancún, Las huertas en Acapulco y zonas de tolerancia en muchos municipios del país.
Ahora está en los Pinos o la secretaría de gobernación, en cualquier oficina partidaria o gubernamental, pululan esos contratos de intercambio de carne por dinero.
Lo grave es que sucede lo mismo que en los matrimonios, el esposo infiel tiene que mantener a la esposa y darle su parte a la adúltera,
En la política también cada una de las partes se pelea por ser la catedral y no la capilla y así exigir más dinero al infiel, sea que gobierne un panista, perredista o expriista.
Con toda su putería política, todavía algunos creen que se podría sacar al país adelante, esos son los fieles a sus principios, el pedo es que toda la sociedad se impregna del alma de los que fungen como cabeza del estado y no hay para donde hacerse.
El odio enfocado por una pasión, como el poder por el poder no permite el avance democrático y mejores condiciones de vida, primero se tiene que divorciar el Prianismo y dejar a un lado la prostitución azul y amarilla, para definir bien los nuevos principios del quehacer político y jurar su fidelidad.
Un debate extenso y de propuesta, que de opciones a los mexicanos, opciones que no sean electoreras, sino de trabajo, con el fin de tener un pueblo con mejores condiciones económicas.
Hasta luego.

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