Moisés Valadez Luna
Herederos de una cultura basada en el machismo, en la que la hombría se mide en el número de mujeres que se puedan poseer, por minutos, horas o años, el mexicano aún no puede desprenderse de esa herencia maldita.
Cada que se publica la violación corporal, psicológica o de derechos humanos a las mujeres, dos cosas saltan a mi mente: la primera es que poca madre tuvieron los que midieron la hombría de esa manera y que nos la impusieron y la segunda es la falta de imaginación para terminar con ella.
El deseo sexual, la lucha entre el instinto de conservación de la humanidad y la lujuria.
¿Cuánto de esa cultura es la causa de los problemas que hoy, día a día enfrentamos?
Por enésima vez me entero de una niña violada también leo sobre las mujeres obligadas a prostituirse.
En la columna de Román Trejo leo sobre mensajes que quieren ser apasionados, del regidor Rafael Quintanar, pero que son una exaltación al adulterio.
Una parte pequeña del machismo es lo que se representa en el diario acontecer, mientras este tipo de desviaciones se ve como algo natural de la cultura del mexicano, continuará la herencia maldita, trasmitiéndose de generación en generación y de degenerado en degenerado.
Muchos podrán opinar ciertamente que el problema radica en el ejemplo y el proceso educativo al interior de la familia, sí pero también esa cultura se adquiere en el momento en que el hombre (niño o en la etapa de la pubertad) se integra a un grupo de amigos.
Otro factor es el alcohol, como una droga que exalta el líbido y un estado de inconciencia que lleva al abuso sexual.
El consumo del alcohol, como parte del machismo, entre más aguantes más hombre eres, es la lógica.
El problema de la violencia sexual en contra de las mujeres, está más lejos que medio metro de algodón, lino o seda, con que puedan confeccionarse prendas de vestir.
En la política, está uno de los vicios que más contribuyen a fortalecer la cultura machista y es la de poner los testículos en la nómina, el político galán, que se gana los favores de la mujer a cambio de pagarle un salario o con un puesto.
Lo grave es que muchas mujeres prefieren que sea así la vida, antes que complicársela, pretendiendo ser autosuficientes en materia económica y social.
El estado mexicano, debe implementar una política que impulse, catapulte la erradicación del machismo y sólo se logrará sí l mujer logra su independencia económica, principalmente.
Un cigarrillo, millones de cigarros, alcohol, marihuana, cocaína, son pecata minuta ante el problema de erradicar la cultura machista.
Hasta mañana.
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